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El dinero prestado a un amigo o un familiar es el impago más incómodo de reclamar y uno de los más frecuentes. La buena noticia: aunque no haya contrato, casi siempre se puede probar y cobrar.
Cómo probar un préstamo sin contrato
La transferencia bancaria es la reina de las pruebas: acredita la entrega del dinero y su fecha. Se complementa con lo que haya: mensajes de WhatsApp donde se pide o se reconoce el dinero, emails, audios, incluso el testimonio de terceros. Un ingreso en efectivo es más difícil, pero los mensajes posteriores pidiendo la devolución suelen inclinar la balanza.
Primer movimiento: convertir lo informal en formal
Un requerimiento fehaciente (burofax) transforma la situación: fija la deuda, interrumpe la prescripción de 5 años y demuestra que vas en serio. Muchos impagos familiares se resuelven aquí, porque el deudor comprende que el asunto ha dejado de ser una conversación de sobremesa.
Si no paga: monitorio
El procedimiento monitorio admite esta clase de deudas si están documentadas, y no exige abogado ni procurador en su fase inicial. Otra opción intermedia es firmar un reconocimiento de deuda con calendario de pagos, que refuerza enormemente una reclamación judicial futura si incumple.
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